Comuneros de Oaxaca sumarán bosques para venta de bonos de carbono

Comuneros de Oaxaca sumarán bosques para venta de bonos de carbono | La Crónica de Hoy

En las comunidades asociadas a ICICO conviven terrenos reforestados con bosque que no han sido alterado.

En el paraje de Llano Salado, localizado en la Sierra Norte de Oaxaca, el aire es frío y la humedad abunda. La altitud es de aproximadamente 2 mil 800 metros sobre el nivel del mar y el bosque de pinos es el ecosistema dominante. A los dos lados del camino de tierra se miran arbustos y árboles con flores de bosque de colores amarillo, rojo, morado y blanco, principalmente.

Hasta ese paraje acudieron representantes de 12 comunidades indígenas y campesinas, de cuatro regiones diferentes de Oaxaca, para observar cómo se maneja una parcela de monitoreo de bosques. Algunas de esas comunidades son vecinas, pero otras vienen de lugares a más de seis horas del punto de reunión. Todas comparten un lema: “Nos hermanan 12 comunidades, cinco etnias, cuatro regiones y un objetivo: el cuidado a la Madre Tierra”.

Juntos destinan 3 mil 089 hectáreas de sus bienes comunales al proyecto de Bonos de Carbono, que son un mecanismo internacional que ofrece insentivos económicos para reducir emisiones contaminantes.

El pasado 27 de octubre los comuneros acordaron multiplicar por cinco esa extensión y aumentar hasta alcanzar las 15 mil hectáreas de bosques, selvas y cafetales manejados sustentablemente y certificados para vender en el mercado de bonos de carbono, en México y el extranjero.

El reto no significa solamente marcar terrenos y dejarlo para que se regeneren solos. Se necesitan trabajos como brechas, podas, montículos antierosión. Además del trabajo técnico de medir y certificar la captura de madera. Muchas de estas parcelas tardan entre dos y tres años antes de recibir un solo dólar y mientras, la comunidad labora en los predios como parte de sus servicios voluntarios a la comunidad o “tequio”.

“Tiene que haber una concientización como personas. No importa dónde emitas carbono, lo debes compensar”, comenta en los terrenos Pedro Pablo Ruiz García, quien ha llegado desde la Sierra Sur, de San Pedro Juchatengo. “Nosotros estamos a sólo 800 metros sobre el nivel del mar. Ahí estamos sembrando árbol ramón en terrenos donde se había deforestado para sembrar maíz, frijol y calabaza, pero no rindieron bien. Ahora se va a hacer un ordenamiento territorial para sembrar la especie que más convenga”, continúa.

BOSQUE RECUPERADO. Al descender del vehículo y caminar entre los árboles se percibe, bajo las pisadas, una especie de tapete grueso, orgánico, hecho de ramas y acículas, que son las hojas de los pinos, con forma larga y fina, como varitas. En ese lugar hay un terreno que se trabaja para el mercado voluntario de Bonos de Carbono. En el caso de esta parcela muestra, el patrocinador es Laboratorios Chinoin, empresa que en 2016 fue certificada como empresa neutra, al pagar la captura de un número de toneladas de carbono equivalente a lo que ellos emiten.

En este bosque, trabajado por comuneros de La Trinidad Ixtlán, hay árboles de más de 15 metros de altura y 40 centímetros de diámetro. Sobre sus troncos tienen algunas cintas y etiquetas que marcan su edad, grosor y crecimiento en el último año. Esos árboles capturan carbono y esto se puede medir volumétricamente. Lo que se requiere calcular es la “adicionalidad” o volumen de madera y carbono que ganó un árbol en un año. Con esos datos se ofrecen bonos de carbono a empresas, organizaciones no gubernamentales, eventos con público masivo e incluso individuos.

La meta de 15 mil hectáreas la han planteado los representantes de las 12 comunidades al cumplirse ocho años continuos de recibir ingreso de la venta de bonos de carbono. Este año el pago para todos es de casi tres millones de pesos. Actualmente la tonelada de bono capturado se paga a 10 dólares, más IVA, por hectárea. Aportados por quienes voluntariamente quieren reducir su huella de carbono.

Para unir a las comunidades y los compradores trabaja una asociación civil llamada Integradora de Comunidades Indígenas y Campesinas (ICICO), y de Pronatura México. Así han encontrado decenas de compradores como Fundación Televisa, Laboratorios Chinoin, el Festival Vive Latino, CIMA Sustentable, Interprotección y la constructora Hogares Sauce.

“Las comunidades han hecho grandes esfuerzos y sacrificios y al principio no se sabía si iba a funcionar. Si realmente habría algún ingreso de ese esfuerzo, por eso al principio se dedicaron unas pocas hectáreas a este proyecto, pero ahora estamos confiados en que podemos pasar de 3 mil a 15 mil en un solo año”, explicó el ingeniero agrónomo Carlos Marcelo Pérez, fundador de ICICO y originario de una de las comunidades Capulalpam.

De regreso de la visita a las parcelas, algunos comuneros y ejidatarios se reúnen alrededor de una chimenea, en una cabaña, mientras que otros miran algunos videos de animales que han regresado a sus comunidades y cuyos movimientos han sido captados por Cámaras trampa: un águila cazando una serpiente, una familia de siete jabalís, dos machos de venado cola blanca combatiendo a topes en un claro de bosque, un puma, un cacomixtle, gallinas de bosque y mapaches. Todos captados en terrenos reforestados.

“Hasta ahora ha sido una buena ayuda para dar empleo a nuestra gente en las comunidades, pero éste no es el ingreso principal de las comunidades. Muchas todavía viven de la agricultura o del aprovechamiento de la madera, del café o del turismo, pero el gran cambio es que antes se veía a la tierra de la montaña como una reserva para después tirar y usar para sembrar, ahora se ve como un área que nos da muchos servicios ambientales y se ha detenido la destrucción”, indica Netzar Arreortúa Martínez, presidente de Bienes Comunales de Capulalpam de Méndez.

En el refugio, regresando del bosque lluvioso, los representantes de 12 comunidades indígenas y campesinas hablan, con café y con mezcal, frente al vapor de platos con frijoles negros y carne de cerdo.

Se habla de las metas futuras y se explican las diferencias entre la metodología mexicana para medir captura de carbono y la metodología estadunidense, específicamente la de California, que pronto comenzará a ser usada para poder vender bonos a compañías extranjeras. Sobre este tema, Leticia Espinosa, directora de Cambio Climático de Pronatura México, indicó que para probar la nueva metodología de medición de captura de carbono ya se han preparado 3 mil hectáreas que comenzarán a ser observadas entre 2016 y 2017, y que para preparar esos terrenos que serán monitoreados recibieron una aportación de la compañía de entretenimiento Disney. Son preparativos y es trabajo ya devengado el que analizaron juntas las 12 comunidades.

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